domingo, 25 de septiembre de 2016

La Alternativa - Cervantino 2016 - Los Pastitos

La Alternativa en el Cervantino 2016

Los Pastitos del jueves 20 al sábado 22 a partir de las 22:00 hrs
Y el domingo 23 desde las 13:00 hrs igual en Los Pastitos



Jueves 20
La alternativa
Pumcayó, Machingon y Disidente
22:00 horas


Viernes 21
La alternativa
Monos Piratas, Troker y Belanova
22:00 horas


Sábado 22
La alternativa
Los Borders, Golden y Descartes A Kant
22:00 horas


Domingo 23
La alternativa
Guanatos Brass Band, Zaikocirco, Caloncho y Azul Violeta
13:00 horas




Las fantasías pop de Belanova y el rock de Azul Violeta se escucharán en Los Pastitos como parte de la invasión tapatía que conforma La Alternativa de Jaslico. Belanova lanzó en marzo el sencillo “Cásate conmigo”; mientras que Azul Violeta tuvo un gran regreso el año pasado con el álbum Lo público y lo privado. Aquí te dejamos sus últimos sencillos para que nos digas cuál de estas dos agrupaciones con sabor a tequila es tu favorita.
Belanova - “Cásate conmigo” https://youtu.be/8lfDjlz_WZ4
Azul Violeta - “Ya no estás” https://youtu.be/43s_K0Gv5Tc


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Dos de las bandas tapatías más innovadoras de los últimos años son TROKER OFICIAL y su mezcla de jazz con rock, funk y otros géneros; y Descartes a Kant, que explora distintas variantes de rock con una propuesta visual muy al estilo de los grupos de art rock.
Troker y Descartes a Kant forman parte del ciclo La Alternativa de Jalisco - el estado invitado de honor - y se presentan el 21 de octubre a las 22:00 horas en Los Pastitos. ¿Cuál es tu favorito?






Programa del Cervantino 2016 en León Guanajuato

Revista Cultural Alternativas

Programa del 44 Festival Internacional Cervantino 2016 en León Guanajuato


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jueves, 22 de septiembre de 2016

Circa Carnaval de los animales



Carnaval de los animales
Circa
Viernes 7 - 17:00 horas
Sábado 8 - 12:00 horas
Sábado 8 - 17:00 horas
Lunes 10 - 18:00 horas
Auditorio del Estado
Australia  50 min.
DANZA - CIRCO


Los bailarines de la compañía australiana Circa se metamorfosean al ritmo de la música, transformados en extraños seres que habitan una zona donde convergen danza, teatro y arte circense. Siete bailarines conducirán al público por los parajes más asombrosos del mundo salvaje. Viaje iniciático para niños y adultos, amantes de la acrobacia y de la gran música, en un espectáculo multimedia dirigido por Yaron Lifschitz.

El Carnaval Circa llega a la ciudad con cuentos caprichosos de las criaturas de la tierra y el mar, que caen, vuelan, saltar y girar su camino a través de los muchos mundos maravillosos del reino animal.



Nuestros cebras hacen malabarismos y Flip ...
nuestros canguros saltan y saltos mortales ...
Tenemos elefantes con calle-cred y el ritmo ...
Y aun nuestros huesos de dinosaurios se mueven, traqueteo y rollo de la música.
Carnaval de los animales te lleva lejos en una aventura emocionante circo inspirado por Camille Saint-Saëns saludo agradable para plumas, piel y aletas. acróbatas de Circa llevar esta suite de la música clásica a la vida para toda una nueva generación de amantes del circo, música y animales.



Réquiem para Cervantes - Mateo Romero - La Grande Chapelle



Mateo Romero: Réquiem para Cervantes
La Grande Chapelle
Conmemoración solemne de los 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes

Viernes 7 19:00 hrs17:00 hrs
Auditorio Mateo Herrera, Fórum Cultural Guanajuato, León
España  75 min.

Sábado 8 - 17:00 hrs
Templo de la Compañía
España  75 min.







La celebración del IV centenario de la publicación de El Quijote en 2005 fue la mejor ocasión para rendir homenaje no sólo al gran genio de la literatura española, Miguel de Cervantes, sino también a otras figuras destacadas del arte y la cultura del Siglo de Oro. Mateo Romero (ca. 1575-1647), maestro de la Real Capilla entre 1598-1633 –bajo los reinados de Felipe III y Felipe IV– fue el principal compositor de la Corte española hacia 1616, fecha de la muerte de Cervantes.

La recuperación de su Missa pro Defunctis a 8 voces se ha revelado doblemente interesante, puesto que constituye la primera grabación de una de las obras musicales más apreciadas a principios del siglo XVII y reivindica de paso a uno de los grandes maestros del Barroco español.

El llamado “Maestro Capitán” destacó en la escritura polifónica a dos coros (stile moderno), tan en boga en los principales centros musicales de Europa y muy particularmente en la basílica de San Marcos de Venecia. El Requiem a dos coros constituye una de las mejores obras de Romero, de gran solemnidad y una factura vocal impecable.

El programa reconstruye –gracias a la colaboración del musicólogo e intérprete Juan Carlos Asensio– una misa de difuntos de la época, con la característica alternancia de obras polifónicas y canto llano, este último procedente de los cantorales de El Escorial de principios del siglo XVII. Se completa con responsorios de las maitines del oficio de difuntos, que en la época se cantaban durante las absoluciones y el impresionante salmo De profundis, que los clérigos recitaban o salmodiaban mientras se procedía en procesión a la depositio o sepultura del difunto. Algunos de los responsorios son de otro de los contemporáneos de Cervantes, el zaragozano Pedro Ruimonte (1565-1627), que se destacó por ser nada menos que el maestro de capilla del gobernador de los Paísos Bajos, el archiduque Alberto. Sus obras luctuosas (en el Missae sex) fueron publicadas en Amberes, en 1614.

La grabación del “Requiem para Cervantes” es, por consiguiente, un documento sonoro de primera importancia, que recupera algunas de las obras más destacadas del patrimonio musical de principios del siglo XVII y las enmarca en su contexto litúgico original.

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La Grande Chapelle es un conjunto vocal e instrumental de música antigua con vocación europea, cuyo principal objetivo es realizar una nueva lectura de las grandes obras vocales españolas de los siglos XVI a XVIII, con especial predilección por la producción policoral del Barroco. Al mismo tiempo, tiene el propósito de contribuir a la acuciante labor de recuperación del repertorio musical hispano.


La Grande Chapelle ha actuado en los principales ciclos de España y en los festivales de Picardie, Haut-Jura, Musica Sacra Maastricht, Laus Polyphoniae de Amberes, Rencontres musicales de Noirlac, OsterKlang-Festival (Theater an der Wien) de Viena, Cervantino de Guanajuato, Radio France, Ribeauvillé, Saint-Michel en Thiérache, Saintes, Ile de France, Van Vlaanderen (Malinas), Lyon o en las temporadas de la Cité de la Musique de Paris o UNAM de México (Sala Nezahualcóyotl), entre otros.

Desde su fundación en 2005 y estimulado por la voluntad difundir el patrimonio musical hispano, creó su propio sello, Lauda, con el que edita cuidadas grabaciones de alto interés musical y musicológico, desde una posición independiente. Dos han sido los principales ejes: explorar la relación entre música y literatura de los Siglos de Oro y recuperar la producción de los más destacados compositores españoles del Renacimiento y el Barroco, siempre con primeras grabaciones mundiales, especialmente a través de recreaciones musicológicas que sitúan en su contexto una determinada obra o autor.

Por su calidad y su solvencia artística, los discos de La Grande Chapelle / Lauda han obtenido galardones y premios nacionales e internacionales de reconocido prestigio en el mundo de la música antigua, tales como dos "Orphées d'Or" (Academia del Disco Lírico de París, en 2007 y 2009), "Sello del año" de los "Prelude Classical Music Awards 2007" (Holanda), "5 de Diapason", CD Excepcional de Scherzo, "Choc de Classica", "4 stars of the BBC Magazine", "Preis der deutschen Schallplattenkritik" (PdSK), "Critic's Choice" de Gramophone, etc.

En 2010, recibió el I Premio FestClásica (Asociación Española de Festivales de Música Clásica), por su contribución a la interpretación y recuperación de música inédita española.

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Mateo Romero


Mateo Romero, también conocido como Mathieu Rosmarin o Maestro Capitán, (Lieja, c. 1575 – 1647) fue un compositor español de origen belga que cultivó la música renacentista y la música barroca. Ocupó el cargo de maestro de capilla de la Capilla Real.1 Fue el compositor más prestigioso de la corte de Madrid durante la primera mitad del siglo XVII, siendo numerosos los testimonios al respecto.

Vida
Mateo Romero nació como Mathieu Rosmarin en Lieja, Bélgica, hacia 1575 hijo de Jean Romarin y Pascale Loart. Debido a la temprana muerte de sus padres, como otros muchos niños de la Holanda hispana, fue llevado en 1585 a Madrid para servir como chico del coro en la corte. Entre 1586 y 1593 su tutela y educación en España corrió a cargo de sus compatriotas George de La Hèle y Philippe Rogier. Ya en esta etapa debió demostrar el talento sobresaliente entre sus compañeros que le valiera el curioso apodo de “Maestro Capitán” o “Capitán”. Su apellido fue castellanizado en 1594. En 1598 consigue el puesto de maestro de capilla en la corte de Felipe III de España. Felipe IV, a quien le enseñó composición y viola da gamba, le ratificó como maestro en 1621 y se mantuvo en este puesto hasta 1634, año en que se jubiló, siendo sustituido por Carlos Patiño. Parece que a partir de esta fecha, con la salud muy deteriorada, según se indica en su testamento, es poco probable que se mantuviese activo en la música. Romero murió el 10 de mayo de 1647 y fue enterrado en la Iglesia de los Premonstratenses de Madrid.

Fue nombrado escribano de la Orden del Toisón de Oro en 1621 y Capellán de los Reyes Nuevos de Toledo en 1624 (previa concesión de la “naturaleza castellana” en 1623), nombramientos que tenían a menudo un carácter honorario y el único fin de incrementar los ingresos y el prestigio social del beneficiario. Además, su ordenación como sacerdote en 1605 le había permitido obtener “pensiones” con fondos de diversas diócesis: Pamplona (1611), Jaén (1621), Santiago de Compostela y las Canarias (1622) y Toledo (1623). Todo ello le permitió acumular un capital considerable. Por estas y otras razones, Romero ha sido considerado por diversos autores como un sujeto materialista y ávido de fortuna, que manejó su carrera –política y musical– valiéndose de un carácter autoritario. Esto explicaría su evidente discordia con Carlos Patiño, quien le sucedió en el magisterio de capilla luego de que se jubilara en 1634.

Uno de los aspectos interesantes de su biografía es el estrecho contacto que mantuvo con el duque Juan de Braganza, uno de los más notables melómanos de la época, quien tenía en su biblioteca musical varias obras de Romero y las hacía ejecutar con frecuencia. En 1638 invitó al compositor a visitar su corte en Portugal durante varios meses, hecho que, a fines del siglo XIX, despertaría las sospechas del compositor e investigador Francisco Barbieri de que Romero hubiese sido enviado allí por el propio Felipe IV como espía, para sondear las posibles intenciones del duque de independizarse de España. De haber sido así, sus gestiones habrían sido infructuosas, pues es bien sabido que el duque iba a encabezar la rebelión de 1640 y a asumir el trono de Portugal con el nombre de Juan IV.4

La figura de Mateo Romero, el Maestro Capitán ha llamado la atención de numerosos investigadores (desde Pedrell y Mitjana hasta Becquart y Querol), pero son los recientes trabajos de Judith Etzion los que con más vehemencia y argumentos ponen de manifiesto la relevancia de este autor en el desarrollo de la música española del siglo XVII.

Romero fue uno de los músicos más apreciados de su época. Quizá el texto más laudatorio se deba al cantor de la Capilla Real, genealogista e historiador Lázaro Díaz del Valle.4 Quien le recordaba en 1654 diciendo:

«El primero de estos tipos [los músicos de la Real Capilla] a quien el mundo ha dado el laurel fue el maestro Capitán, Mateo Romero, maestro en el arte de la música del rey nuestro señor don Felipe IV y maestro de su Real Capilla, mereciendo por sus obras ser honrado y favorecido de S. M. con plaza de su capellán de honor y capellán de los Reyes Nuevos de Toledo. […] Honrole también S. M. con hacerle secretario de la gran caballería del Tusón, todos los cuales dichos oficios, con pensiones que tenía sobre obispados, le valían en cada año cinco mil ducados de renta, sin las ayudas de costa que S. M. le daba. Fue de nación flamenca, natural de Lieja; tuvo el mejor gusto para componer villancicos y tonos de guitarra que se ha conocido en hombre de su arte. Compuso muchas misas, muchos salmos y motetes, canciones, himnos, salves y cánticos, con tan sonora armonía y consonancia, que puedo decir con verdad que muchas veces se me espeluznaban los cabellos de gozo, cuando mis compañeros y yo los cantábamos. En fin mereció por muchas razones el nombre de Capitán, dado éste cuando era niño.»

— Tomado de: Pastor, a los campos diles, villancico de navidad de Mateo Momero y Jusepe Ximénez: Luis Antonio González Marín Departamento de Musicología, CSIC. Anuario Musical, 57 (2002).
Su carrera musical se sitúa en el umbral entre el Renacimiento y el Barroco. Aunque estuvo fuera de la escuela polifónica franco-flamenca,6 jugó un papel importante en la introducción en España del 'stilo moderno' de la música italiana.

Murió el 10 de mayo de 1647 y fue enterrado en la iglesia de los Premonstratenses de Madrid, siguiendo sus disposiciones testamentarias. Un año después el rey Juan IV de Portugal quiso recuperar su legado mediante su embajador en Madrid, pero habría de esperar a 1652 para recibir algunas de sus obras y un tratado teórico, hoy perdido.

Obra
La mayor parte de su trabajo, que estaba localizado en el Real Alcázar de Madrid, incendiado en la Nochebuena de 1734, y en la Biblioteca Real de Lisboa, fue destruido durante el terremoto de Lisboa de 1755.7 8 Mateo Romero compuso tanto música en castellano (villancicos y tonos de guitarra) como obras sacras en latín (misas, salmos y otros). Él mismo acompañaba a la guitarra sus numerosos villancicos (piezas polifónicas con texto sacro) y tonos (piezas polifónicas con texto profano) cuando eran interpretados, respectivamente, en la capilla de palacio o la cámara del rey. No en vano es el compositor más representado en el famoso Cancionero de Sablonara una recopilación de los mejores tonos que se cantaban en la corte madrileña hacia 1625.9 Estas obras en lengua vernácula tienen dos secciones con características diferenciadas: el estribillo presenta una menor cantidad de texto y una mayor elaboración musical, con abundantes imitaciones y momentos descriptivos; en la copla, en cambio, se emplea el diálogo responsorial entre bloques sonoros o la textura homofónica, reservándose la imitación para los versos finales, cuando la narración ya ha sido comprendida. Algunos de sus tonos muestran además un uso abundante de sostenidos y bemoles, que en algunos casos dan la sensación de verdaderas modulaciones.

Juan de Tassis, conde de Villamediana, estrenó en el Palacio de Aranjuez una comedia con música de Mateo Romero,10 maestro de la Capilla Real, titulada La gloria de Niquea.11 En esta obra de trasfondo mitológico "Villamediana recalca la llegada de Felipe IV como un nuevo Apolo que traerá la Edad de Oro"12 al modo de los intermedii florentinos como la Pellegrina de 1589 en honor de los Médici. Esta obra allanaría el camino para al aparición en la última década de los veinte de la considerada la primera ópera española: La selva sin amor de Lope de Vega.

"Cura que en la vecindad"13 es una letrilla satírica anticlerical de Góngora en relación a la incontinencia del clero sobre la cual Mateo Romero decidió añadirle música. Se relaciona este poema con referencia a Lope de Vega, aunque cronológicamente la letra es de 1602 y Lope de Vega no se ordenó de sacerdote hasta 1614. Cuando Góngora se mudó a Madrid para ejercer el cargo de capellán de su majestad, se fue a vivir a la calle del Santo Niño Jesús, cercana a la casa de Lope de Vega, en la calle de Francos. Lope llevaba años ordenado sacerdote pero su vida amorosa transcurría sin recato entre los brazos de las grandes actrices de la época y los de su última musa, Marta de Nevares, la dulce Amarilis. Eso dio pie a que Góngora escribiera con referencia a Lope de Vega empleando este poema. Varios autores han hecho versiones de esta letrilla, como Francisco López de Zárate, Tirso de Molina, etc.

En cuanto a sus obras sacras en latín su estilo puede ser descrito, según Judith Etzion, como una “reinterpretación barroca de la música renacentista”.5 Se trata, pues, de obras que a primera vista se ajustan al formato del siglo XVI, pero muestran una permanente representación de los “afectos” del texto y un uso más atrevido de la disonancia. Dentro de este grupo, sus piezas policorales aparecen como las más cercanas a un estilo barroco en un sentido arquetípico, por su preponderancia de la textura en acordes, el tratamiento aún más libre de la disonancia y la presencia de un bajo instrumental. Es quizás en estas obras policorales donde Romero se muestra en todo su esplendor.




Listado de obras
Sus composiciones conservadas son las siguientes:

Misas:

Misa Bonae voluntatis (9 voces y B.c.) (también conservada una versión a 5 voces).
Misa Qui Habitat (8 voces y B.c.) - basado en el psalmo homónimo.
Misa Un jour l'amant et l'amye (8 voces y B.c.) - misa parodia sobre una canción de Orlando di Lasso.
Misa Dolce fiamella (5 voces y B.c.) sobre un madrigal de Giovanni Maria Nanino.
Misa Batalla (4 voces y B.c.) sobre La Bataille de Clement Janequin
Misa de Requiem de dos baxos (8 voces y B.c.) Misa "Pro Defunctis"
Misa Veu que de vostre amour (8 voces)
Misa Dolce fiamella mia (5 voces) sobre un madrigal de Giovanni Maria Nanino.
Misa en Letania (5 voces) (Letanía a 8 voces)
Misa Sabbato Sancto (4 voces)
Magnificats, psalmos y motetes:

3 Magnificat
3 Dixit Dominus
Domine, quando veneris
Libera me, Domine
Convertere Domine
Domine, ne in furore tuo
Trabajos seculares:

9 villancicos
3 canciones a 3 voces
5 letrillas a 3 voces
2 novenas a 2 voces
2 folías
15 romances a 3 voces sobre textos de Lope de Vega, Francisco de Quevedo y otros.
1 seguidilla
11 canciones (conservada solo la voz soprano) del Cancionero de Onteniente, 1645.

Discografía selecta

Estas son algunas de las grabaciones que se han hecho de las obras de Mateo Romero:

1987 – Entremeses del Siglo de Oro: Lope de Vega y su tiempo. Hespèrion XX, Jordi Savall.
1996 – Mateo Romero: Music at the Spanish Court. Currende, dir. Erik Van Nevel. (Cypres 3606)17
1999 – Mateo Romero: Canciones, romances, sonetos. La Colombina.
1999 – Cancionero de Sablonara. Music in the Sapnish of Felipe V. La Colombina.
2002 – Musik for the Duke of Lerma. Gabrieli Consort & Players, Paul MacCreesh.
2003 – Office pour l'ordre de la Toison d'Or. Choeur de Chambre de Namur, dir. Jean Tubéry. (Ricercar)18
2005 – Requiem para Cervantes. Mateo Romero: Missa Pro Defunctis. Schola Antiqua, La Grande Chapelle, dir. Ángel Recasens (Lauda Musica 002)
2005 – El vuelo de Ícaro. Música para el Eros barroco. Le Grande Chapelle, dir. Ángel Recasens.
2005 – Matheo Romero: Musique à la Cour d'Espagne. Le Grande Chapelle, dir. Ángel Recasens. (Lauda Musica 003 CD)
2010 – Matheo Romero: Romerico florido. Clematis Cappella Mediterránea, dir. Leonardo García-Alarcón.


Alberto Bañuelos - La liturgia de las piedras



La liturgia de las piedras
Alberto Bañuelos
Domingo 2 - 12:00 horas
Museo Regional de la Alhóndiga de Granaditas (Patio)







Alberto Bañuelos nace en Burgos en 1949. De familia de médicos, su destino parecía trazado, pero desde muy niño le atrajeron los pinceles, manifestando unas dotes especiales para el dibujo que, unidas a su espíritu independiente e inquieto, hacían de él un digno candidato a artista. Desde muy temprana edad “subía a las torres de la catedral y dibujaba, fascinado por los bordados en piedra”, recuerda, reconociendo con perspectiva temporal que esas visitas, del mismo modo que el arte de lugares tan emblemáticos de su tierra natal como la Cartuja, influyeron en su formación, en su posterior vocación escultórica. La piedra ya estaba en sus orígenes, pero fue mucho más tarde cuando se hizo presente.

1972
A los 22 años se traslada a Madrid y se matricula en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, seguramente por complacer a su padre, ya que en el fondo tenía claro que ese tampoco iba a ser su camino. Fueron cinco años de estudios a los que se refiere como una etapa de formación muy feliz en su trayectoria. En el campus conoce a Esther Buenaventura, con quien desde un principio comparte asignaturas y afinidades, y que acaba convirtiéndose en su compañera inseparable, la madre de sus dos hijos y, sin lugar a dudas, el impulso y el apoyo necesarios para seguir adelante. Simultanea las clases con cinco horas de dibujo en academias privadas en las que aprende las técnicas clásicas. Se presenta al examen de ingreso en la Academia de Bellas Artes, pero no lo aprueba. “En su momento fue un duro golpe, pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que eso me ayudó a forjarme como un autodidacta, me dio una mayor libertad de pensamiento”, confiesa. En 1978 ya cuenta con estudio propio, sito en la calle Tirso de Molina, número 9. Un espacio con amplios ventanales y techos altísimos en el que durante tres años realiza su progreso intelectual, avanzando de lo figurativo a la abstracción más absoluta. Al paisaje madrileño se superpone en esa época el de La Alpujarra, comarca que le fascina y a la que viaja frecuentemente acompañado por la que ya se había convertido en su mujer. Durante un año pintó prácticamente a toda la gente de la zona en una particular serie de retratos.

1982
Surge tardíamente la primera escultura, cuando el artista ya tiene 35 años de edad. Se trata de un torso realizado con una piedra de alabastro que le regalaron, y en el que es innegable la influencia, siempre confesada, de Henry Moore. Los torsos están presentes a lo largo de todo el recorrido de Bañuelos, ya que aparecen siempre que termina una etapa y se inicia otra, como una especie de marca en el sendero que tiende a bifurcarse una y otra vez. También desde muy pronto aparecen las mesas-escultura, piezas en las que los soportes de cristal se apoyan sobre motivos como el de una pareja haciendo el amor. Al principio las realiza para uso personal, pero la aceptación que tienen entre amigos y conocidos le lleva a hacer muchas más por encargo. Durante un año figuración y abstracción se van combinando, hasta que definitivamente –como le sucedió en la fase pictórica– es la segunda la que impone su dominio. “En realidad, como sucede también con Julio González, necesito partir de lo figurativo para ir evolucionando hacia lo abstracto.” Desde el primer torso Bañuelos no ha vuelto a coger el pincel, “aunque el caballete siempre está preparado, no sé, tal vez por si alguna vez me fallan las fuerzas y tengo que volver a él”. El artista hace esta reflexión en su residencia próxima a Madrid donde vive y trabaja desde el año 82, donde dispone del espacio al aire libre suficiente para hacer realidad sus sueños y donde las esculturas en piedra parecen barcos encallados en medio del paisaje, algunas recién llegadas de exposiciones; otras a punto de partir. Ya dentro de la casa, en el estudio-taller, el visitante no puede dejar de sentirse impresionado ante las curiosas y mínimas maquetas en escayola que realiza previamente antes de ejecutar las piezas. “Cuando se trabaja en piedra no hay marcha atrás. Cada golpe de martillo es un paso adelante sin posible retroceso y las maquetas me ayudan a pensar la jugada. “Desde esa primera y tardía escultura del torso, el artista se dio cuenta de que ese era su medio de expresión. “Me sentía más a gusto, sufría menos que con la pintura, tal vez porque me permitía un modo de proceder más lento y me ayudaba a descargar mi agresividad.”

1983
De 1983 a 1985 realiza constantes viajes a Carrara, que había visitado por primera vez en 1978. En las míticas canteras, de gran belleza, respira, aprende y se nutre del oficio del mármol. Las largas estancias en Italia coinciden con viajes por otras partes del mundo que se convierten en fuentes de inspiración, como, por ejemplo, Brasil, cuyos amplios y exuberantes espacios tanto le motivaron, o Washington, donde descubre a Lucian Freud. “Me pareció increíble. Como si Francis Bacon y José Gutiérrez Solana hubieran tenido un hijo. “Fue un impacto similar al que le produjeron Mark Rothko. Henry Moore o Isamu Noguchi, al que tuvo oportunidad de conocer en su estudio de Nueva York dos meses antes de su muerte. Entre sus influencias, el artista cita también a Richard Serra y al enigmático Medardo Rosso. “Es un artista que me apasiona. Auguste Rodin lo echó de París, seguramente por envidia, y a mí me parece mucho más tierno y profundo que él. Trabajaba con ceras, y los nazis destrozaron muchos de sus trabajos al utilizarlos como velas.” Bañuelos se alimenta con la obra de todos estos artistas y se dedica a leer a autores que asegura están en la base de su trabajo, caso de Marcel Proust o Miguel de Cervantes. El primero le enseñó a medir el tiempo de la infancia, el ritmo de los recuerdos en su estado más puro; el segundo le afianzó en la idea de que sólo de retirada, con la experiencia ya vivida, se puede trazar una gran obra, algo que ha aplicado a su propio camino, a su afán por experimentar constantemente, por ir cubriendo ciclos y etapas que le han conducido a una obra cada vez más esencial.

1984
Primera exposición en la ya desaparecida Galería 24 de Madrid, donde exhibió sus pinturas de La Alpujarra y una serie de gouaches de los mataderos, pero también sus primeras esculturas figurativas, mujeres tumbadas en eróticas posturas. Un rápido repaso a su trayectoria lleva al observador a detenerse en trabajos de 1987 como Fuente, un entrelazado de brazos, uno de sus motivos recurrentes, o en el conjunto de torsos diversos en los que mezcla mármoles de distintos países y colores –negro, rojo, rosa y blanco–, haciéndose perceptibles sus orígenes como pintor. Sus Paisajes en piedra y madera aparecen en 1988, combinándose con una de sus series más conocidas y originales, la de las Quillas, en la que “la geometría abre un surco, al modo como la quilla hace sobre la piel del mar, en la materia informe”, dice el crítico Fernando Huici en un texto publicado en el catálogo que acompañó a una exposición itinerante por México, organizada por la Junta de Castilla y León bajo el lema Entre la Tierra y el Cielo.

Las Quillas, muchas de las cuales se incrustan en la pared, se van sucediendo. Es un año productivo habitado por peces abisales y otros elementos surgidos del fondo del mar. En “una querencia”, como analiza Huici, “que persigue una creciente estilización sensual en pos de un aura de esencialidad metafísica”. No deja de resultar curioso que el mar sea una constante en un hombre de tierra adentro que sale a la busca de rumbos diferentes, jugando, a través de la mezcla de lenguajes y materiales diversos, al contraste entre lo pulido y lo basto, entre lo civilizado y lo salvaje.

1990
La obra de Bañuelos ocupa todo el stand en Arco de la Galería Aldaba (Madrid). Es una oportunidad para darla a conocer, pero lo cierto es que el artista siempre se ha mantenido alejado del gran público, siempre alentado por el estímulo de coleccionistas particulares que han seguido y comprado sus trabajos, muchos de ellos de fuera de España. “He sido, sí, un creador en cierto modo oculto que ha necesitado del silencio y de la absoluta soledad para crear, una especie de monje del arte”, se define. Y continúa: “Siempre estoy trabajando y mientras estoy durmiendo sueño con las esculturas que voy a realizar”. De los 90 son sus Maternidades, que coinciden con la llegada de su primer hijo, y la serie de las Máscaras. El artista busca y experimenta con el hierro, pero acaba quedándose con la piedra, más complicada. “Hay en ella un afán de eternidad y al mismo tiempo un primitivismo que me fascina”, reconoce, pasando a enumerar sus instrumentos de trabajo: los martillos de cantero encabezados por “la campana”, los punteros… “Son exactamente los mismos que utilizaban los egipcios…”, dice. “El proceso de creación con la piedra produce una tensión muy especial. No vale la equivocación y resulta muy difícil decidir cuándo se da por concluida la pieza. Cada golpe de martillo resulta definitivo. “En los primeros 90 nos encontramos con trabajos tan significativas como el Opus CLXXIX. Paisaje nº 10, una sugerente y oscura geografía en piedra de Calatorao en la que Bañuelos juega a ondular suavemente la superficie en un sinuoso quiebro.

1996
Nace la sugerente serie de las Lunas. Lunas que empiezan a salir de la tierra o que representan el vacío. Lunas nuevas. Luna gótica que se asemeja a una aguja de la catedral de Burgos… “Lunas que crecen y menguan”, como dice Fernando Huici, hasta desembocar en “el vacío ensimismado de la luna negra, dócil puntal, guardián del límite”. Más allá de las Lunas surge la serie Abrir-Cerrar, ya en el 2000. Se trata de piezas verticales, estilizadas, en las que el artista juega al contraste entre lo que queda dentro y lo que se deja ver. Bañuelos experimenta con el motivo de las llaves y también con el de los signos en esta etapa en que aparecen mensajes cifrados sobre piezas de alabastro que intentan hablar al espectador de secretos, en definitiva del gran poder de la palabra, de la comunicación. La fase dura apenas un año y un torso –siempre un torso– marca el rumbo hacia otra dirección.

2003
De este año es la mayor de las esculturas realizadas por Bañuelos hasta el momento. Se trata de una pieza de 400 toneladas y cerca de 11 metros de altura instalada en la localidad coruñense de Muxía, al borde del mar. Un bloque abierto por la mitad, una herida, un corte iluminado por abajo que siempre recordará al observador la gran catástrofe del Prestige en aguas gallegas. La escultura es hermana en su planteamiento de un trabajo anterior, Monumento funerario, donde el artista ya había recurrido a un corte vertical, en forma de cruz, que rompe en dos el granito a la manera de una herida abierta ante el dolor que produce el vacío, la desaparición, la muerte. Pero 2003 también es una fecha importante porque inaugura ese nuevo periodo anunciado, el de la deconstrucción, en la trayectoria del artista. Es en este momento cuando al estudiar los ángulos Bañuelos se da cuenta del lenguaje nuevo que surge al realizar cortes en las piedras. Recurre a cantos rodados y los parte, los inclina, los desplaza, los rehace… “Es como reinventar la vida una y otra vez. Jacques Derrida hablaba de ello. Yo deshago las piedras y hago algo diferente con ellas. La vida es eso, establecer una nueva mirada sobre algo ya existente”, señala el artista y sigue reflexionando sobre lo que se oculta tras las cosas rotas, sobre lo que cambia, se transforma o fluye. Hay algo de filosofía oriental en sus palabras. Su técnica es como cortar una fruta en pedazos o como abrir una puerta y dejar que aparezca su alma. Es lo mismo que sucede cuando las piedras, cerradas durante miles de años, se cortan y debajo aparecen otras formas, otros colores. “El elemento sorpresa es fundamental y yo reconozco que siempre me ha gustado jugar. El artista nunca abandona la infancia.” El inicio del nuevo milenio trae consigo exposiciones en galerías españolas como la Raquel Ponce (Madrid) o en instituciones como el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán o la Embajada de España en México.

2009
El IVAM lleva a cabo la más importante muestra realizada por el artista hasta el momento, que un año después viajará a Valladolid. En cierta medida se trata de una retrospectiva, ya que se ofrece al espectador la oportunidad de contemplar todas las maquetas que ha realizado como paso previo a las piezas escultóricas. A través de la puesta en escena parece que el estudio del escultor se ha trasladado al espacio expositivo. El IVAM acabará, sin duda, con el anonimato de cara al gran público de una obra de largo aliento y plural, prestando especial atención a los descubrimientos de la deconstrucción, que siguen ocupando actualmente a Alberto Bañuelos. “Ahora estoy buscando el vacío y eso me desasosiega un poco porque inevitablemente uno se da cuenta de que esa búsqueda tiene que desembocar, de un modo u otro, en la lúcida apreciación de que la vida es muy breve y casi la mitad de ella transcurre en la noche, de que la muerte está cerca. Rothko se suicidó buscando el vacío; Oteiza optó por parar y se dedicó a la filosofía…”Para Bañuelos el espacio es lo que queda dentro de la escultura o lo que hay a su alrededor, pero también el silencio o lo que se trata de atrapar. “Hay un punto de espiritualidad en mi trabajo. En el fondo se trata de acceder al alma”, confiesa. Y sigue preguntándose: “¿Es mi búsqueda de la perfección en la escultura, mi precisión, mi obsesión… algo estético o una categoría moral?”. Un interrogante que dice mucho de su manera de enfrentarse al oficio.

2010
Prosiguen los proyectos, los interrogantes, las búsquedas, las insatisfacciones que conducen al artista a seguir adelante y también las certezas. Bañuelos dona piezas al IVAM; expone sus trabajos en una muestra que tiene lugar en la ya desaparecida galería madrileña Salvador Díaz y participa en una colectiva en el Ateneo que reúne a una decena de escultores,
pero 2010 se caracteriza por ser un año muy internacional. Su obra llega a ciudades alemanas como Dusseldorf o Múnich; viaja por museos de Brasil como el Centro Dragâo do Mar de Arte e Cultura o el Oscar Niemeyer en la muestra itinerante De Picasso a Gary Hill, que se prolonga hasta 2011, y aterriza en la Expo de Shangai. El artista, de carácter tímido e introvertido, inicia un proceso de apertura y empieza a descubrir su capacidad de comunicarse con los otros, con un público que dialoga con sus piedras, ansioso por encontrar en ellas un poco de luz, de permanencia, de estabilidad, en las arenas movedizas del presente. Los alumnos de Bellas Artes de San Fernando se acercan al proceso creativo, a las motivaciones del escultor, visitan su estudio y le escuchan repetir lo que decía Leonardo da Vinci: “El arte es una cosa mental”. Intenta Bañuelos transmitirles que el oficio es importante, pero que lo que de verdad distingue a un artista, y le hace dueño de un lenguaje propio, es lo que tiene que contar. Les induce, por tanto, a transmitir a la obra lo que leen, lo que viven, lo que ven, lo que sienten… El cada vez lo tiene más claro. Se nutre constantemente de libros, de películas, capaces de estimular su creatividad. “La imaginación”, sostiene, “es como un músculo más y hay que ejercitarlo permanentemente”.

2011
Se le encomienda la realización del stand del periódico EL MUNDO para Arco y lo resuelve desplegando nueve esculturas enormes en alabastro que van de los 100 a los 1.000 kilos de peso. Su obsesión por alcanzar las lindes de lo espiritual a través de sus impactantes piezas vuelve a ponerse de manifiesto, pero también se detecta un ansia cada vez mayor por la simplificación y el primitivismo. “Mi arte es cada vez más primitivo”, asegura. Participa en la III Bienal Internacional de Arte Contemporáneo del Fin del Mundo en Ushuaia (Argentina) y a raíz de ahí sus esculturas visitan otros países como Uruguay, Paraguay y Brasil. Prosigue el proceso de apertura, simbolizado en esos continuos viajes al exterior, pero también en un cambio del estado de ánimo del artista, cada vez más consciente de que su trabajo en silencio y soledad se llena de matices y palabras cuando es recibido por los demás como un oasis de paz, de equilibrio, de serenidad. Bañuelos adquiere perspectiva y reflexiona sobre la importancia del arte como alimento espiritual. En una de sus exposiciones deja que el público toque un torso y observa el proceso, el don de la escultura, de la piedra, del mármol, para conectar. “Es algo vivo, tiene piel y también sonido. La piedra puede sonar cristalina o bronca y apagada según cual sea su estado, dependiendo de si está en perfectas condiciones o de si tiene vetas. Es increíble lo que la gente llega a sentir”, señala Bañuelos. Sentimientos, emociones, percepciones, son palabras que cada vez entran más en su discurso.

2012
Un acontecimiento importante marca el transcurrir de este año, la concesión del Premio de las Artes de Castilla y León. El jurado valora la puesta al día, la actualización que realiza el artista del eterno y ancestral lenguaje de las piedras y él recibe el premio como una alegría, un espaldarazo, la posibilidad de ser reconocido en la tierra de origen, en esa geografía y ese paisaje que tanto ha interiorizado y que están en el comienzo de todo su desarrollo posterior .”Pese a no vivir allí, desde la distancia, la relación de mi obra con las piedras de Castilla-León es muy profunda. La Cartuja, la Catedral de Burgos, la girola que está detrás del Altar Mayor, ese inmenso bordado de piedra realizado con un puntero y un martillo. ¿Cómo fueron capaces de hacer semejante cosa los canteros en la Edad Media?”, se apasiona y se emociona Alberto Bañuelos al hablar de la influencia de todos esos lugares por los que tanto ha paseado y que ya forman parte de su genética creativa. A la importancia de la herencia hay que añadir los nuevos caminos que se van abriendo y que se ponen de manifiesto en la exposición del Museo Nacional de Antropología de México DF. Todo un privilegio para un artista que sin buscarlo, de manera intuitiva, inconsciente, ha conectado a través de sus trabajos de deconstrucción con culturas como la maya, la olmeca y la azteca. “Siempre me había atraído el arte primitivo y he viajado mucho a México, pero el intercambio de afinidades no ha sido para nada premeditado. Ha llegado a través de la memoria de las cosas”, declara el escultor. “Siempre me he sentido muy cómodo con las culturas antiguas. En México, en Egipto… Me han proporcionado el regalo de lo simple, lo primitivo, lo esencial”. El título de la muestra vuelve a ser el mismo que en la retrospectiva del IVAM, La liturgia de la piedra. Piezas que se exhibieron allí están presentes de nuevo, pero se añaden, hasta completar un total de 120, más de 80 nuevas, entre las que destacan cabezas de guerreros mayas que, según explica el artista, tienden un puente con el pasado, pero representan sobre todo la lucha del hombre actual frente a las circunstancias adversas de un hoy cargado de sombras. “Son guerreros de la vida, somos todos nosotros enfrentados a una guerra diferente”. Y junto a los guerreros, dialogando con ellos, están los papeles, la gran novedad de esta exposición. Inmensas esculturas en papel en las que el artista recurre a la pintura y a otros materiales como la escayola. Empezó su andadura como pintor y éste es un punto intermedio, una evolución natural y paralela. Las grandes cabezas de los guerreros le pedían ser acompañadas y se sintió muy a gusto expresándose de esa otra manera, en un lenguaje que nunca le había abandonado, que estaba ahí, esperando la ocasión de renacer. “En mi camino unas cosas me van llevando a otras. Entra en juego una concatenación de circunstancias, de elementos, de conocimientos y matices que me permiten ir cambiando, estar en permanente estado de renovación”. De nuevo roturas, rasgados, agujeros, grietas, cortes, misteriosas oquedades, abismos, pero esta vez no sobre la piedra sino sobre el papel. “Los papeles hablan de la muerte, pero como algo positivo, presente, inevitable, estimulante incluso. A través de ellos quiero expresar la experiencia del vacío, del desaparecer”, explica Bañuelos, quien invita al público mexicano a compartir su sentido del tiempo -toda su obra está llena de tiempo- , de lo esencial. Esa atemporalidad que roza una y otra vez y que provoca en quien se acerca a su trabajo unas inmensas ganas de detenerse, de callar, de hacer un alto en el trayecto de la vida.

2013
Después de la importante cita en 2012: Art-Ginebra (stand “Fundación Abanico”), en 2013 el trabajo del artista se puede ver en la muestra “Sustratos”, en el IVAM de Valencia, y en la galería GAM de México DF, donde también es invitado a participar en la Feria de Arte Contemporáneo Zona Maco. Pero lo más importante de este año es el tiempo dedicado al silencio, a la reflexión. Después de la gran exposición en el Museo Nacional de Antropología de la capital mexicana y el gran esfuerzo que supuso, se abre un tiempo de meditación. La necesidad de descanso mental, de recapitulación sobre lo realizado hasta el momento, se imponen, y en el gozoso paréntesis aparece, como el propio artista señala, otra forma de ver, de mirar la propia obra, de interpretar los pensamientos. “Siempre he tenido muy presente lo que decía Picasso de que copiar a los demás es necesario para aprender, pero copiarse a sí mismo resulta trágico”, asegura.
Repasar su itinerario se hace necesario, pues, llegados a este punto. Tres son los lenguajes escultóricos esenciales que identificamos en el trayecto que hemos seguido hasta aquí: la demótica (lenguaje de signos horadados en las piedras, como palabras), que duró de 2001 hasta 2005; la deconstrucción, que se desarrolló paralelamente y se ha prolongado hasta la actualidad, y el trabajo con el papel en estado puro, con el que realiza “picto-esculturas”, denominadas por él “Esculturas de pared”, desde 2010.
Pero el camino de todo artista es un camino de búsqueda, de descubrimiento, y 2013 marca un punto de inflexión y supone la apertura de nuevas vías. Como explica el escultor, tras quince años inmerso en la deconstrucción, en el proceso de partir las piedras, “comenzaron a crearse espacios de indudable atractivo en su interior”, que, de la manera más sencilla, le fueron llevando “hacia auténticas habitaciones, lugares luminosos en el interior de las piedras cada vez más atrayentes”, que es donde podemos encontrarlo ahora.

2014-2015
La presencia de la obra del artista en el Monasterio de San Juan de Burgos, dentro de la muestra “Volumen en el Monasterio” conduce a reflexionar sobre la búsqueda espiritual como uno de los motores de su trabajo. Él lo explica de la siguiente manera: “Por supuesto que existe un componente espiritual en mi obra. Todo lo que hago surge de los libros que leo, de la poesía… Es un intento de trascender, es auténtica y sincera entrega. Hay que tener mucha pasión, mucha fé en lo que haces, para no echar a correr ante una piedra de cientos de kilos, o miles, y pensar que puedes hacerte con ella; que puedes partirla, abrirla, esculpirla, deconstruirla y acabar realizando algo especial con ella. Me gusta hablar de una “espiritualidad laica, “en el buen sentido de la palabra”, que diría Machado. No soy creyente, ni mucho menos practicante, pero ese sentimiento espiritual, incluso religioso, está en mi obra. Desde hace años me vengo preguntando si mi búsqueda de la perfección en la escultura es algo estético o una categoría moral”.

En México, en el Museo de Antropología, le decían que sus esculturas daban paz y al evocarlo, Alberto Bañuelos se sitúa en el espacio en el que trabaja, que es como “una especie de convento o celda”. “Cuando estoy trabajando, en ese estado conventual que es mi taller, en absoluta soledad, sumergido en proyectos de una trascendencia personal que sólo a mí me interesan, estoy en un estado de entrega, de autenticidad, que podemos llamar espiritualidad; luego salgo al mundo y me acelero”, explica. En su estudio el escultor sigue buscando, explorando las rutas que abrió en 2013, un momento de intensa búsqueda, una vuelta de tuerca. Podemos imaginarlo absolutamente concentrado, inmerso en el intento de “entrar” en las esculturas y pasear por sus espacios. Esa exploración le ha mantenido ocupado estos últimos años, experimentando también con el lenguaje de la fotografía, que siempre había utilizado para apoyar su trabajo y que ha ido ganando en importancia “Nunca la había mostrado en exposiciones, pero quizá sea el momento de hacerlo”, dice ahora, refiriéndose también a la realización de obras con porcelana y otros materiales, además del papel, lo que supone otra novedad.

Entre los próximos proyectos de exposiciones destacan las dos el estado de Guanajuato, México, de octubre de 2016 a enero de 2017. ( Una en el Museo “Alhóndiga de Granadinas” en la ciudad de Guanajuato y otra en el “Museo de Identidades Leonesas” en la ciudad de León. Ambas dentro del 44 Festival Internacional Cervantino). Su trabajo reciente se podrá ver también ( 2016 – 2017) en las exposiciones de la galería Ansorena de Madrid, el Museo de la Evolución Humana en Burgos, en el Monasterio de Valbuena de Duero y en la Catedral de Burgos, todas ellas individuales.

“Sigo con las mismas intenciones que cuando comencé. Ha cambiado el nivel de elaboración de las piezas, porque la experiencia es un grado, pero me sigue apasionando, del mismo modo, la piedra. Mi reto es seguir avanzando a partir de la constante duda que me obliga, día a día, a plasmar aquello que me obsesiona”, contesta el artista cuando se le pregunta por sus planes de futuro. Y entonces vuelve al proyecto que ocupa su presente: el anhelo de “entrar” en la escultura “y sentirla, olerla, escucharla, tocarla”. Todos los sentidos puestos en esos espacios caprichosos, en esos misteriosos habitáculos de luz que le regalan las piedras.


Vicente Rojo



Alfabeto urbano
Vicente Rojo Escultura en bronce
Domingo 2 - 12:00 horas
Museo de Arte Contemporáneo Primer Depósito






Vicente Rojo Almazán (Barcelona, 15 de marzo de 1932) es un pintor y escultor mexicano, aunque nacido en Barcelona, España, ciudad en la que hizo sus primeros estudios de escultura y cerámica.

Trayectoria
En España hace sus primeros estudios de dibujo, cerámica y escultura en 1946 en la Escuela Elemental del Trabajo. Llega a México en 1949, reclamado por su padre, el cual residía aquí como refugiado político desde el fin de la Guerra Civil Española.

Vicente Rojo es sobrino del General Rojo, el más acreditado jefe de las tropas de la Segunda República Española que se opusieron al golpe de estado protagonizado por el General Franco.

A partir de 1953 colaboró en el diseño de la revista Artes de México. Trabajó en el suplemento México en la Cultura de la oficina de ediciones del Instituto Nacional de Bellas Artes; asimismo colabora con la Revista de la Universidad de la Universidad Nacional Autónoma de México y la revista La cultura en México (1962-1974) de la Revista Siempre!. Obtenida la nacionalidad mexicana, estudia pintura en la escuela de arte La Esmeralda y realiza durante estos más de cuarenta años una amplia obra en pintura, diseño gráfico y en fechas más recientes escultura. Exponiendo en numerosas ocasiones en México y en el extranjero a partir de 1958. En 1991 es galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes,1 y el Premio México de Diseño, habiendo participado en el diseño gráfico de diversas publicaciones culturales como la Revista de Bellas Artes, la Revista de la Universidad, UNAM, Plural, México en el Arte y el periódico La Jornada, entre otros.

Cofundador en 1960 de la Editorial Era, de la cual forma parte en el consejo editorial y como director de arte. Miembro de la llamada Generación de la Ruptura, es una figura importante y destacada dentro de las artes estéticas de este país y su figura es altamente respetada por colegas y círculos intelectuales en general, siendo considerado uno de los artistas más importantes del abstraccionismo en México. El 16 de noviembre de 1994, fue elegido miembro de El Colegio Nacional, su discurso de ingreso fue “Los sueños compartidos”, el cual fue contestado por Manuel Peimbert Sierra.


Yo soy la locura - Raquel Andueza y La Galanía



Yo soy la locura
Raquel Andueza y La Galanía
Sábado 15 - 17:00 horas
Templo de la Compañía (Pinacoteca)
España  75 min.






Raquel Andueza


Nacida en Pamplona, inicia su formación musical a los seis años. Posteriormente, becada por el  Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Londres, amplía estudios en la Guildhall Shool of  Music and Drama de Londres, donde obtiene el Bachelor of Music con mención honorífica y recibe el premio School Singing Prize. Poco más tarde conoce al maestro Richard Levitt, quien ha sido su referente hasta el presente.

Ha colaborado asiduamente con diversas formaciones: La Colombina, L’Arpeggiata, Orquesta Barroca de Sevilla, Gli Incogniti, La Tempestad, Al Ayre Español, El Concierto Español, Private Musicke, La Real Cámara, Hippocampus, B’Rock, Orphénica Lyra, etc. En 2010 funda, junto al tiorbista Jesús Fernández Baena, el grupo La Galanía, siendo galardonados en 2014 como Mejor Grupo Barroco por la Asociación de Grupos Españoles de Música Antigua.

Actúa como solista en los principales festivales y auditorios de todo el mundo (París, Madrid, Barcelona, Bruselas, Utrecht, Nueva York, Praga, Frankfurt, Bucarest, Tokio, Viena, México, Nápoles, Granada, Minneapolis, Berna, Panamá, Chicago, Londres, Hong Kong, Moscú, Bogotá, etc), y en 2012 hace su debut en el neoyorquino Carnegie Hall y en los Proms londinenses.

Ha sido dirigida por directores como William Christie, Fabio Biondi, Emilio Moreno, Pablo Heras-Casado, Jacques Ogg, Monica Huggett, Eduardo López-Banzo, Christina Pluhar, Richard Egarr, Ottavio Dantone, Christian Curnyn, Sir Colin Davis, José Ramón Encinar, etc.

Raquel es invitada para impartir cursos de canto en el Teatro Real de Madrid, así como en las universidades de Burgos y Alcalá de Henares y en el AMUZ de Amberes.

Asimismo, colabora en bandas sonoras de películas, cortometrajes y series de televisión, como “Exodus” (Ridley Scott, 2014), “Carlos” (TVE1, Oriol Ferrer, 2015), “Isabel” (TVE1, Javier Olivares, 2012), “Atraco” (Eduard Cortés, 2012) , “Tous les soleils” (Philippe Claudel, 2011), “Disección de una tormenta” (Julio Soto Gúrpide, 2010). Y ha puesto, junto a La Galanía, la voz al último anuncio de televisión de la firma Loewe.

Ha realizado grabaciones para sellos discográficos como Warner Classics, Virgin Classics, Glossa, K617, NB Musika, Accentus, OBS Prometeo y Zig-Zag Territoires. En 2011 crea su propio sello discográfico, Anima e Corpo, cuyas cinco grabaciones (“Yo soy la locura”, “In Paradiso” “Alma Mia”, “Pegaso” y “Yo soy la locura 2″) han recibido las mejores críticas y premios de la prensa especializada.

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La Galania


La Galanía es una de las formaciones especializadas más importantes del panorama musical español actual.

Fundada en el año 2010 por Raquel Andueza y Jesus Fernández Baena, su finalidad es  interpretar música barroca, tanto del siglo XVII como del XVIII, en base a unos cuidados principios historicistas y apostando por colaborar con los mejores músicos tanto españoles como de otras nacionalidades, todos ellos especializados en este repertorio. Sus miembros forman parte de orquestas y grupos prestigiosos a nivel mundial, como  Hespèrion XXI, Al Ayre Español, Orquesta Barroca de Sevilla, Private Musicke, Orchestra of the Age of the Enlightment, L’Arpeggiata, etc. Como eje central del grupo cuentan con la soprano Raquel Andueza, la cual es invitada regularmente a los auditorios y festivales más importantes del mundo.

La Galanía hizo su debut con gran éxito en la Catedral de Pamplona con el Stabat Mater de Pergolesi, y rápidamente comenzaron a estar presentes en los más prestigiosos auditorios y festivales del mundo: Madrid, Berna, Berlín, Colonia, París, Brujas, Palma de Mallorca, Moscú, Helsinki, Nueva York, San Sebastián, Innsbruck, Sevilla, Chicago, Bruselas, Girona, Lyon, Ciudad de Panamá, Palma de Mallorca, Aranjuez, Santiago de Compostela, etc.

En enero de 2011 salió a la luz su primer proyecto discográfico, ‘Yo soy la locura’, para la discográfica Anima e Corpo, álbum que desde su salida al mercado fue siendo un éxito de crítica y ventas, y que recibió de manera unánime el premio Festclásica, otorgado por la Asociación Española de Festivales de Música Clásica. Posteriormente presentaron sus trabajos discográficos ‘Alma Mia’ – un recopilatorio de las arias de ópera y cantatas más bellas de Antonio Cesti- y ‘Pegaso’ -un compendio de salmos y motetes de Tarquinio Merula-, los cuales, asimismo, están obteniendo las mejores críticas y premios de la prensa.

La Galanía ha recibido en junio de 2015 el Premio al Mejor Grupo de Música Barroca, otorgado en la primera edición de los Premios de la Asociación de Grupos Españoles de Música Antigua. Asimismo, su disco “Pegaso” recibió el galardón al Mejor Disco del Año 2014 en la misma edición de premios.



Premio GEMA al Mejor Grupo de Música Barroca de 2014.

Premio GEMA al Mejor CD de 2014 por “Pegaso”.

Premio FestClásica 2011 por su programa y disco “Yo soy la locura”.